No me da miedo morir, el miedo más grande que tengo
es llegado el momento, al final de mis días
caer en la cuenta y no haber sido feliz.
Al haber entregado mi tiempo a causas perdidas
y en el arrebato, encima, quererme arrepentir.
A dejar inclinada la balanza, a no forzar la revancha
sólo por el miedo de volver a sufrir.
Habré dejado una huella, dando un sentido a mi voz.
Por perseguir a mi estrella que nunca me abandonó.
Si lo que pueda pasar, nadie lo puede saber
va as er mejor arriesgar antes que se eche a perder.
Afilando los sentidos, y en punta va el corazón
sintiendo en cada latido que se vive con pasión.
Y si al final de mis días te acompañe mi canción
entonces ya todo listo para cerrar mi cajón.
Tal vez, hoy pude entender que duele más el olvido
que uno se vuelve más frío y sólo pierde color.
Cuando termine el camino, nada más llevo conmigo
que alivio y satisfacción
por compartir con amigos, por este sueño cumplido
de haber soltado mi voz.
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